Kader Attia (Francia/Argelia/Alemania)


Dugny, Francia, 1970.

Cicatrices (Scars), 2016

Instalación site-specific con uso de grapas metálicas, dimensiones variables. 


Muchas de nuestras preconcepciones más profundas sobre el arte se arraigan en la noción de que este representa un estado de perfección material. En el trabajo de Kader Attia, por el contrario, algunos daños preexistentes de las obras de arte y arquitectura –en muchos casos provocados por la misma civilización que las produjo– son reales y visibles. Sobre ese estado parcialmente arruinado, lo suficientemente lamentable, el arte de Attia recalca cómo los esfuerzos imperfectos por reparar o corregir el daño, inclusive por taparlo, terminan empeorándolo. En el Museo de la Medicina –antes el Hospital San Vicente de Paúl– cuya colección está dedicada a la historia local de la curación, y a los instrumentos y técnicas de diagnóstico desde tiempos prehispánicos y coloniales hasta las primeras décadas del siglo XX, el artista utilizó información de segunda mano y escogió algunos espacios donde se han formado grietas en las paredes de yeso, para crear suturas que amplían la atmósfera quirúrgica de la sede dentro de su propia arquitectura usando una engrapadora de construcción. La intervención de Attia no es una solución al problema sino más bien una manera de llamar nuestra atención hacia los defectos medio ocultos causados por el tiempo y las circunstancias, y nos invita a verlos como una parte esencial de la identidad del edificio.

Bienal
Hecho con ♥ en Almendra