Vicisitudes de mediadores en XIV edición de la Bienal

02 de Febrero de 2019

¿Dónde está el arte? Más de una vez, Esteban López enfrentó ese momento a veces difícil, a veces ambiguo, porque la respuesta tenía que ser coherente. Con voz provocativa, algunos visitantes preguntaban ¿Dónde está el arte? El tino fue la estrategia.

    Los mediadores de la XIV edición de la Bienal de Cuenca -que se clausura hoy a las 20:00, en el Museo de Arte Moderno- han sido testigos y protagonistas de anécdotas. Gente que en franca contraposición a las obras de la bienal presentaron su rechazo, y gente que, en busca de un arte más relacionado con el mundo de la pintura, la escultura, encontró obras que no caben en su percepción.

    Dos meses y algo más mediando, acercando, poniéndose entre el espectador y la obra con su autor. Días y más días enfrentando a público curioso y público furioso. Los tintes de violencia verbal, psicológica, o contra la institución, la organización, los mediadores, y los cuestionamientos sobre si lo que se muestra es arte o no, matizaron el trabajo. No se podría definir si ser mediador fue fácil o difícil, pero si de algo están seguros la mayoría de ellos, es que fue un proceso de aprendizaje.

    Las reacciones de los espectadores han sido diferentes, sobre esto Cristóbal Zapata dice: “Creo que la primera impresión del público no especializado frente a las expresiones contemporáneas es de un cierto extrañamiento o desconcierto. Y es allí donde el trabajo de los mediadores fue fundamental para interceder entre la obra y el espectador, generando una dinámica de diálogo e intercambio”.


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